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Segundo Domingo de Cuaresma: Comentario

Este es un comentario a los textos de la eucaristía del Segundo Domingo de Cuaresma.  Está tomado del Libro de Reflexión para Pequeñas Comunidades Cristianas de la Arquidiócesis de Hartford.  Para más información respecto a este recurso, puede visitar su sitio en internet.

Algunos años atrás, un joven decidió volver a sus raíces y visitar a su bisabuela en San Germán, Puerto Rico.  Él no le dio ninguna razón por esta visita inesperada, aunque había claramente una.  Este joven se encontraba en un punto muy importante en su vida.  Necesitaba detenerse un momento y darle un buen vistazo a su vida.  Necesitaba reflexionar en torno al lugar donde se encontraba en su vida y hacia donde debía dirigirse.  Qué mejor lugar para hacer eso que la casa de su bisabuela, ubicada sobre una colina rodeada de muchas otras montañas.

Su bisabuela era una fuerte y humilde mujer de fe que reflejaba amor y paz.  Sentada en el balcón de su sencilla casa una tarde, el joven se le unión en el rezo del rosario.  Al final, se animó y le contó a su bisabuela el verdadero motivo de su visita.  Y luego le dijo: “Sé que ha tenido una vida muy difícil.    Cuando su marido la abandonó, dejándola en la pobreza, tuvo que cuidar de todos sus niños.  Sin embargo, no importando cuán difícil le fue todo, usted siempre cargó fielmente su cruz en sus hombros.”  Deteniéndose por un momento, y confrontando la confusión de su vida, la miró y le dijo: “Abuela, mire su vida… Usted siempre ha puesto su confianza en Dios.  No sé si yo pueda hacer lo mismo.”

La abuela, en un simple gesto de compasión, tomó su mano, miró hacia la montaña que se encontraba en frente de ella, y dijo: “La vida es a menudo confusa y difícil, pero siempre hay esperanza.  Lo que tienes que hacer es dejar de mirarme a mí y mirarlo y escucharlo a Él.”  Este fue un momento extraordinario y transformante para este joven y su vida… Al final, partió de esa remota colina en Puerto Rico llevándose consigo este último mensaje.

Acaso estando en un momento determinante o no en nuestra vida, ese es el mensaje que escuchamos en el Evangelio de esta semana.  Desde la nube al tope de la montaña, el Padre nos dice: “Este es mi Hijo amado; escúchenlo.”  En su vida cotidiana, mientras Jesús se dedicaba a hacer las obras de su Padre, tomó aparte a Pedro, Santiago y Juan y los llevó a un monte alto para detenerse, mirar, y escuchar.  Esta es la invitación de Jesús, esta es la invitación de la Cuaresma, mientras tratamos de renovar nuestras vidas y vivir en el espíritu del Evangelio.  En nuestra vida cotidiana, con todas nuestras ocupaciones y pre-ocupaciones, Jesús nos invita a detenernos y a dedicar un tiempo sagrado a la oración y la reflexión.  No tenemos que viajar largas distancias para hacer esto.  Más bien, necesitamos hacerlo donde sea que nos encontremos.  En estos días de Cuaresma, Jesús nos invita a hacer una pausa en nuestras vidas para estar con Él.  Así, Él nos ayudará a  desempacar nuestras vidas y a mirar con detención aquello que de verdad cuenta.

Mirando nuestras vidas y la de Jesús, tratando de no escuchar las voces del mundo y sintonizando el dial para escucharlo a Él, podemos encontrar una nueva dirección.  La Cuaresma se transforma en una experiencia “transfigurativa” para nosotros cuando nos ponemos en contacto con nosotros mismos al ponernos en contacto con Jesús.  El papa Benedicto XVI, tratando de explicar lo que la transfiguración significó para Jesús, señala: “La transfiguración es un evento de oración… muestra visiblemente lo que sucede cuando Jesús habla con su Padre .”  Lo que el Padre quiere de nosotros para esta Cuaresma es que nos detengamos, miremos y escuchemos a Jesús.  Cuando nos damos el tiempo para escuchar lo que pasa en nuestra vida y a Jesús mismo, encontramos fortaleza y valentía  para continuar caminando con el Señor en la tierra de los vivos…

Si tiene algún comentario o pregunta, por favor envíelo a info@carlosaedo.org

Written by caedof

March 6, 2009 at 1:19 am

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