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Tercer Domingo de Cuaresma: Comentario

Este es un comentario a los textos de la eucaristía del Tercer Domingo de Cuaresma.  Está tomado del Libro de Reflexión para Pequeñas Comunidades Cristianas de la Arquidiócesis de Hartford (Quest en Español).  Para más información respecto a este recurso, puede visitar su sitio en internet.

¿Podemos recordar un momento en que hayamos tenido mucha sed? Tal vez fue después de haber hecho ejercicio, o haber trabajando cortando el prado en un día muy caluroso.  Sin duda alguna bebimos agua u otra cosa para apagar esa sed.  Imaginemos esa misma sed, pero con nada disponible para apagarla.  Eso puede ayudarnos a ponernos en lugar de la mujer al lado del pozo.  El Señor encuentra a esta inesperada visitante ahí mismo.  Ella va en busca de agua, pero su sed es mucho más profunda de lo que ella se da cuenta.

Hay que recordar que samaritanos y judíos, por generaciones, no se llevaban bien para nada debido a problemas de prácticas religiosas y matrimonios mixtos.  Encontrarse con alguien de la región de Samaria, en especial una mujer, no era muy común y violaba una práctica social de aquellos días.  Samaritana o no, la mujer estaba lista para encontrarse con Jesús.

El encuentro de Jesús con la mujer samaritana le cambió la vida.  Ella buscaba agua, pero su sed iba más allá… tenía una sed del alma.  Al principio, la mujer malentiende la invitación del Señor.  La sed de esta mujer sin nombre refleja la sed de nuestra sociedad por más intimidad con Dios y la búsqueda del sentido de la vida de las personas de hoy en día.  Extremadamente ocupados, muchas veces no estamos conscientes de nuestra propia necesidad de esta agua de vida que es una profunda relación con Dios.

Al mismo tiempo, el agua en sí es un bien precioso.  Creemos que es obvio tener agua, pero no es así para mucha gente en el mundo.  Debemos actuar apresuradamente para asegurar el acceso de agua para todos.  Al compartir la palabra de Dios y buscar el agua viva, estamos llamados a reconocer a nuestros hermanos y hermanas que no tienen agua o muy poca, gente que día a día se esfuerza para tener agua limpia para beber y satisfacer su sed.

La referencia de Jesús al agua viva nos recuerda el agua de la vida del Antiguo Testamento que significa “la vida de Dios, la revelación, la sabiduría.”  La samaritana experimenta esto en su encuentro con Jesús junto al pozo en ese día caluroso.

Después de haberse encontrado con Jesús, la mujer, tal como nosotros, es invitada a ser testigo de Cristo, a proclamar el Evangelio y su poder.  Primeramente, ella va a los samaritanos de su villa y da testimonio de su encuentro transformador con Jesucristo.  Los samaritanos van a ver a Jesús, primero por el testimonio de la mujer, y después porque escuchan la palabra.

Este pasaje de la Biblia nos llama a reconocer la necesidad que tenemos de encontrarnos con Jesús en un nivel mucho más profundo que en las simples prácticas religiosas.  Encontrándonos con Jesús y habiendo bebido del agua viva, se nos invita a llevar la palabra a otras personas por medio de lo que decimos y hacemos.  Esa agua viva está ahí cuando la pedimos.  El inmenso amor de Dios ha sido derramado en nosotros.  Lo hemos recibido en el bautismo, y luego lo vamos renovando cada día en nuestras vidas.

La sed del mundo es profunda.  ¿Cuán sedientos de Dios estamos?  ¿Podemos imaginarnos algún momento en que hayamos tenido una intensa sed espiritual? Sólo Jesús puede apagar esa sed.

Recuerde que puede enviar sus preguntas o comentarios a info@carlosaedo.org

Written by caedof

March 14, 2009 at 1:41 am

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