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Cuarto Domingo de Cuaresma: Comentario

Este es un comentario a los textos de la eucaristía del Cuarto Domingo de Cuaresma.  Está tomado del Libro de Reflexión para Pequeñas Comunidades Cristianas de la Arquidiócesis de Hartford (Quest en Español).  Para más información respecto a este recurso, puede visitar su sitio en internet.

Rita ha sido amiga de la familia por décadas.  Ahora está completamente

ciega.  Fuimos testigos de su proceso hacia la ceguera con dolor e impotencia.  Cuando la visión de Rita comenzó a fallar, le pidió a Dios la gracia de siempre ser capaz de reconocer las caras de la gente que amaba.  Con el tiempo esas caras comenzaron a disiparse casi como cubriéndose de neblina.  Entonces, le pidió a Dios mantener su capacidad de ver al menos algunas sombras y destellos de luz.  Pero la neblina aumentó y la oscuridad se hizo más intensa hasta que todo desapareció completamente.  Por un momento, Rita ya no le pidió nada más a Dios y calló.  Le fue muy difícil aprender a vivir en la oscuridad.  Su vida de  oración también se oscureció.  Nosotros solamente podíamos imaginar el dolor en su corazón.  Finalmente, un domingo de Pascua, con una luminosa sonrisa en su rostro, Rita anunció que podía ver nuevamente algo de luz… ¡en su corazón!  ¡Era la luz de Cristo!  Nuestras lágrimas se convirtieron en parte de esa luz y todos cantamos: “El Señor es mi pastor, nada me falta.”  La oración de Rita fue respondida en su totalidad, de acuerdo al tiempo de Dios, en la bondad de Dios y en el modo de Dios “para que así las obras de Dios se hagan visibles en ella.”

En ese día de Pascua, una mujer de fe descubrió que la única ceguera que tenía que temer era la ceguera de la luz de Dios.

La primera lectura nos cuenta la historia del profeta Samuel.  Fue capaz de reconocer en el joven David el corazón de un futuro rey.  Sin embargo, pudo hacerlo sólo por medio de la luz de Dios, porque “el hombre se fija en las apariencias, pero el Señor se fija en los corazones.”

En la lectura del Evangelio de Juan, el hombre que nació ciego vivía en la oscuridad, pero inesperadamente se encontró con la luz del mundo, Jesús mismo.  ¡El esplendor debió haber sido tremendo!  Esa luz poderosa le reveló nuevas y hermosas posibilidades, pero también las sombras que le acompañaban dentro y fuera de él.  Pudo haber sido un momento no tan fácil, lleno de vergüenza e incertidumbre, pero él lo tomó como un momento para nacer de nuevo.  El ciego de nacimiento aceptó el dolor de convertirse en una nueva persona, “un recién nacido de la luz”.  Rechazó la oscuridad de los fariseos, la falsa seguridad de la sinagoga, la falsa compasión que recibía al ser simplemente un mendigo.  Eligió caminar en la luz, arriesgándose a creer en el Salvador.  Y así fue expulsado de la sinagoga, de la comunidad que alguna vez se hizo cargo de él.

Nos estamos acercando a la última parte de nuestra jornada cuaresmal.  Es tiempo de ver si acaso nuestras prácticas cuaresmales han traído nueva luz a las sombras de nuestra vida.  ¿Estamos preparados para salir de nuestras comodidades y dar testimonio del Señor Resucitado?  ¿Estamos despojándonos de aquello que no necesitamos? Preparémonos para la Vigilia Pascual con un corazón libre y así dejar que la luz de Cristo brille sin estorbos?

¡Sí… Creo Señor… Eres mi luz, nada más puedo pedir!

Para preguntas o comentarios, envíe un mensaje a info@carlosaedo.org

Written by caedof

March 20, 2009 at 1:45 pm

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