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Quinto Domingo de Cuaresma: ¿Me lo puedes Creer?

Este es un comentario a los textos de la eucaristía del Quinto Domingo de Cuaresma.  Está tomado del Libro de Reflexión para Pequeñas Comunidades Cristianas de la Arquidiócesis de Hartford (Quest en Español).  Para más información respecto a este recurso, puede visitar su sitio en internet.

El profeta Ezequiel fue uno de los verdaderos gigantes del Antiguo Testamento.  Fue uno de los judíos exiliados durante la cautividad babilónica.  Desafió a su pueblo a una nueva fidelidad a Dios en medio del exilio.  Ezequiel tuvo una legendaria visión que es muy famosa… Imaginémonos junto a Ezequiel mirando todos esos huesos muertos mientras Dios le pregunta: “¿Pueden revivir estos huesos?”  ¿Cómo le responderíamos a Dios? ¿Le responderíamos espontáneamente: sí?  ¿O quizás le diríamos algo como: quiero creer… ayúdame?  La respuesta de Dios en la visión es clara.  Los huesos serán cubiertos nuevamente con carne y el aliento de la vida nuevamente soplará sobre ellos.

Se han dado muchas interpretaciones a esta visión.  Para los judíos antiguos significaba la esperanza en la restauración de Judá.  Para los judíos de la época posterior al holocausto, significaba la creación del estado moderno de Israel.  Para los cristianos, es promesa y esperanza en la resurrección después de la muerte.  Ya sea muerte por desesperanza, por separación emocional, por el pecado o por el fin de la vida, en cada caso Dios nos promete nueva vida.  En la carta de San Pablo a los cristianos de Roma leemos: “Si el Espíritu del Padre, que resucitó a Jesús de entre los muertos, habita en ustedes, entonces el Padre, que resucitó a Jesús de entre los muertos, también les dará vida a sus cuerpos mortales, por obra de su Espíritu, que habita en ustedes.”  ¿Creemos en esto? ¿De qué manera hace esto una diferencia en nuestra vida cotidiana?

Imaginemos la desolación, sentimientos de pérdida y tristeza de María y Marta cuando se enteraron de la muerte de su hermano Lázaro.  Las dos hermanas nos dan testimonio de la fe que tenían en Jesús, que podía devolverle la vida a su hermano.  Primero Marta, y después María, se encuentran con Jesús mientras vuelve al pueblo.  Las dos expresan gran fe diciendo que creen que Jesús podía haber salvado a Lázaro si hubiese estado presente.  También son claras al decir que también creen que Jesús puede devolver Lázaro a la vida incluso después de haber estado sepultado por cuatro días.

Así como Dios le pregunta a Ezequiel si acaso los huesos pueden ser devueltos a la vida, Jesús le pregunta a Marta: “Yo soy la resurrección y la vida.  ¿Crees en esto?”  Marta responde con una profundidad tremenda: “Creo firmemente que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo”.  Cuando María se encuentra con Jesús, se postra a sus pies, devastada por la muerte de su hermano.  Jesús, conmovido hasta lo más hondo, le pregunta: “¿Dónde lo han puesto?”  La Biblia, entonces, nos da uno de los textos más ricos que muestra la humanidad de Jesús, ya que se nos dice que “Jesús se puso a llorar”.  No se nos explica el origen de esta muestra de emociones.  ¿Estaba Jesús frustrado porque sus amigos no habían entendido lo que Él les había enseñado? Al parecer no, porque Marta sabe que Él es el Hijo de Dios.  La fe de las hermanas es sólida.  ¿Se emociona Jesús por saber que su propia muerte es inminente?  ¿O simplemente lloró por la muerte de su amigo tan querido?  Lázaro está muerto, pero su vida no se ha acabado, sino que ha cambiado.  La relación con Jesús se mantiene, y entonces Jesús procede a traerlo a la vida nuevamente.  Solamente podemos imaginarlo.  Sin embargo, lo trae una nueva vida, y eso, para nosotros, es un destello de esperanza para el futuro.

Cada día en nuestro mundo natural y en nuestro propio cuerpo podemos encontrar reflejos de la resurrección a una nueva vida.  Las flores comienzan a brotar a través del suelo congelado.  Los árboles comienzan a florecer.  Nuestros propios cuerpos regeneran sus células constantemente.  Doctores son capaces de añadir prótesis a personas que pueden correr o caminar por vez primera.  Los trasplantes de órganos de personas fallecidas dan nueva vida a quienes necesitan de esos órganos.  Después de haber pasado tiempo en prisión, personas inocentes son liberadas.  Hombres y mujeres se reúnen después de separaciones emocionales.  Cada una de estas experiencias es un ejemplo de resurrecciones espirituales que suceden todos los días y destellos de la gran resurrección celestial que ha de venir.  “Yo soy la resurrección y la vida.”.  ¿Me lo puedes creer?

Para preguntas o comentarios, envíe un mensaje a info@carlosaedo.org

Written by caedof

March 27, 2009 at 11:58 am

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