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Domingo de Ramos: La Humildad de Dios

Este es un comentario a los textos de la eucaristía del Domingo de Ramos.  Está tomado del Libro de Reflexión para Pequeñas Comunidades Cristianas de la Arquidiócesis de Hartford (Quest en Español).  Para más información respecto a este recurso, puede visitar su sitio en internet.

En 2004, la película de Mel Gibson La Pasión provocó una serie de controversias en diversos frentes, incluso un debate acerca de si acaso las escenas de la película eran muy violentas.  Irónicamente, esto acaece en medio de una cultura dominada por videos donde parece que la violencia gráfica es prerrequisito para el éxito comercial de películas, videojuegos y otros medios gráficos.  Sin embargo, la película pudo mostrar la intensa naturaleza de la pasión y muerte de Jesús, que no aparece en ninguna lectura del Domingo de Ramos, por muy bien que la proclamación sea hecha en nuestras iglesias.  Una vez más, el misterio de un Dios que sufre, totalmente humano y totalmente divino, se convirtió en un tema candente.

La crucifixión enfatiza la humanidad de Dios, un Dios que está íntimamente involucrado con su creación en la persona de Jesucristo, el centro del cosmos.  La crucifixión también nos da una idea de la naturaleza redentora del sufrimiento.  A todo esto, ¡cómo nos incomoda cualquier inconveniente en nuestro camino… enfermedades, fracasos, etc.!  Esperamos vivir una vida sin ninguna dificultad… ¡hay mucho por hacer!   Pero el lado oscuro de nuestra vida siempre se aparece.  Siendo completamente humano, Jesús experimentó la vida como nosotros.  Como nosotros, Jesús fue capaz de tener miedo, sentir ansiedad, de sufrir y de morir.

En el libro La Humildad de Dios, Ilia Delio OSF explora la teología franciscana de la humildad desde la perspectiva de San Buenaventura, uno de los grandes doctores de la iglesia:

Para Buenaventura, la humildad de Dios se expresa de manera eximia como el poder del amor de Dios por medio del sufrimiento y de la muerte.  La centralidad de la cruz nos muestra a un Dios que está radicalmente involucrado con su mundo y últimamente preocupado con la totalidad del mundo en el amor .

En el mismo libro, Gregory Baum aclara lo que Buenaventura entiende por amor divino, diferenciando dos tipos de sufrimiento.  Ex carentia, o por carencia, se refiere a nuestro típico entendimiento del sufrimiento cuando experimentamos personalmente la pérdida de algo que afecta nuestra integridad –salud, trabajo, ser querido, etc.  Pero también podemos sufrir ex abundantia, o de la abundancia, cuando perdemos algo que personalmente no nos pertenece.  Esto ocurre cuando nos movemos más allá de nosotros mismos y mostramos empatía cuando otra persona sufre una pérdida.  En este sentido, damos algo de nosotros mismos.  O sea, es una donación desinteresada de nosotros mismos, un vaciamiento.  Es precisamente en este sentido que Dios sufre con nosotros (por abundancia) mostrando su amor infinito.  Delio sigue explicando: “el sufrimiento no es consecuencia del pecado, sino el lugar de la transformación.  Es la puerta por la que Dios entra y nos ama en el lugar donde nos encontramos, en nuestra debilidad humana, nuestra miseria y nuestro dolor.”

En nuestro sufrimiento, y cuando compartimos el sufrimiento de otros, nos hacemos uno en el amor con nuestro Dios.  Con la humildad modelada por Cristo, oremos para que podamos reconocer el sufrimiento en todas sus capacidades, especialmente como algo que nos une con un Dios amoroso que entiende nuestro sufrimiento y sufre con nosotros.

Si tiene preguntas o comentarios, envíelos a info@carlosaedo.org

Written by caedof

April 2, 2009 at 2:07 pm

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