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Domingo de Pascua: Una Carrera por Amor

Este es un comentario a los textos de la eucaristía del Domingo de Pascua.  Está tomado del Libro de Reflexión para Pequeñas Comunidades Cristianas de la Arquidiócesis de Hartford (Quest en Español).  Para más información respecto a este recurso, puede visitar su sitio en internet.

Todos estamos conscientes de lo importante que se ha convertido correr hoy en día: maratones, carreras para recaudar fondos para diversas causas… ¡y también hace bien para la salud!  ¿Qué estamos dispuestos a hacer por otras personas, pero sobre todo, por el bien de aquellas personas que amamos?  Seguramente nos estaremos preguntando… ¿qué tiene que ver eso con la Pascua?  Pues bien, tal vez nos hemos familiarizado tanto con la historia de la Pascua que sus elementos, tales como la roca que tapaba la entrada a la tumba, la tumba vacía de Jesús, las ropas del entierro, etc., han perdido su riqueza para nosotros.  Los evangelios no nos cuentan cómo sucedió la resurrección sino cómo los hombres y mujeres que seguían a Jesús fueron afectados por este evento.

Algo muy adentro en el corazón de María Magdalena le decía que había esperanza.  Fue esa esperanza la que la hizo volver al lugar donde reposaba Jesús.  Sin embargo, una vez ahí se encontró con algo totalmente inesperado.  ¿Fue acaso miedo, entusiasmo, o simplemente alegría la que la llevó a correr y compartir con los discípulos la noticia?:  “¡No está ahí!”  Seguramente fue el amor.  Ella y los discípulos corrieron por amor.  Era el amor que había cautivado sus corazones cuando Jesús estaba con ellos el mismo que los desafió a tener una fe mucho más profunda que antes.  María fue envuelta por el amor de Dios y el Amor la cambió para siempre.  Nada pudo detenerla ni a ella ni a los discípulos en convertirse en portadores de la buena noticia: ¡Está vivo!

Nuestro desafío constante, al vivir la historia pascual, es confiar en la espera que parece muchas veces ser una espera en vano.  ¿Pero de qué otra manera podemos estar abiertos al “ahora” y permitir que las sorpresas de la vida llenen nuestros corazones?  La fe y la vida van de la mano.  Muchas veces nos cuesta ver que el ahora, no importando cuan doloroso o alegre sea, puede ser un regalo de vida.  La pascua de cada uno de nosotros no nos llega de acuerdo a un calendario, sino más bien cuando estamos abiertos al misterio de amor.  Dios tiene un destino en mente para nosotros que es mucho más grande del que podemos imaginar.  ¿Quién pudo haber escrito esa historia?  ¡Qué tremendo regalo es ser como los pies de aquellos que traen buenas noticias!

Si tiene preguntas o comentarios, envíelos a info@carlosaedo.org

Written by caedof

April 11, 2009 at 12:36 pm

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