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Tercer Domingo de Pascua: El Cosmos del Amor

Este es un comentario a los textos de la eucaristía del Segundo Domingo de Pascua.  Está tomado del Libro de Reflexión para Pequeñas Comunidades Cristianas de la Arquidiócesis de Hartford (Quest en Español).  Para más información respecto a este recurso, puede visitar su sitio en internet.

¿Si pudiésemos revolucionar nuestra idea de la creación, podríamos revolucionar también nuestra idea acerca de Dios y del misterio pascual?  ¿Podemos personalizar el misterio pascual?  La ciencia moderna nos dice que el universo tiene más o menos 14 billones de años, que comenzó con el así llamado “Big Bang” y que ha evolucionado durante todo este tiempo.  El universo está en un constante proceso de expansión y aún no está terminado.  La física moderna cuántica enseña que todo en el universo está interconectado.  Nada está aislado.  Todas las cosas comparten una red vital.  Los seres humanos emergieron de la tierra.  No somos un apéndice o una adición.  Nosotros somos la evolución misma.  Todo es parte del soplo de Dios .

La creación es un gran misterio, y también lo somos nosotros.  De acuerdo al relato del Génesis, el misterio último, a quien llamamos Dios, sopló el Espíritu de vida sobre Adán.  Este soplo de Dios satura todo el cosmos.  El Maestro Eckhart, un místico del siglo XIV, lo describe de la siguiente manera: “Por toda la eternidad, Dios yace en su lecho dando a luz.  La esencia de Dios es dar a luz. ”  Todo fluye desde el Misterio Último.  Todo es uno.

En esta historia cósmica hay una gran paradoja: creación, destrucción y renacimiento.  Está escrita dentro del manto del cosmos, por tanto, en nuestra propia vida.  Por ejemplo, las supernovas son la muerte de otras estrellas.  Sus restos permanecen esparcidos por el universo y éstos se convierten en semillas de otras estrellas.  Jesús entró en este proceso cósmico en su pasión, muerte y resurrección.  Él transformó el cosmos.  Nada, entonces, es profano nunca más.  Al reflexionar en torno a nuestras vidas, vemos el mismo patrón emerger.

El Misterio Pascual es el evento cósmico más comprehensivo.  La cruz de Jesús es su total vaciamiento a Dios por amor.  Jesús no se guardó nada para sí.  Esta experiencia fue tan intensa que transformó a Jesús en un ser con una existencia totalmente nueva.  En el Cristo luminoso, la divinidad de Jesús brilla completamente a través de su humanidad.  La resurrección de Jesús es el sumario o resumen de la intención de Dios para con el cosmos.  Y esta intención es unión y transformación en Dios.  Esta transformación sucede gracias al poder del Espíritu de Dios dador de vida.

Todo esto nos lleva a una sola pregunta.  ¿Cómo entrar en el misterio pascual de manera personal? ¿Cómo vivir lo que vivió Jesús?  Lo que es clave para nosotros es la cruz.  Tenemos que confrontar nuestro ego, nuestro falso ser, todo aquello que nos aparta de Dios.  Tenemos que ser transformados en el verdadero ser, en Cristo mismo.  Este es nuestro vaciamiento hacia Dios.  San Pablo lo dice así: “Ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí.” (Gálatas 2,20)

Si tiene preguntas o comentarios, envíelos a info@carlosaedo.org

Written by caedof

April 24, 2009 at 2:44 pm

Posted in Reflexiones

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