Formación de Adultos Hispanos

www.carlosaedo.org

Quinto Domingo de Pascua: Den Frutos

Este es un comentario a los textos de la eucaristía del Quinto Domingo de Pascua.  Está tomado del Libro de Reflexión para Pequeñas Comunidades Cristianas de la Arquidiócesis de Hartford (Quest en Español).  Para más información respecto a este recurso, puede visitar su sitio en internet.

Al reflexionar en torno a las lecturas de esta semana, también damos gracias por el regalo de nuestras madres al celebrar el Día de las Madres.  En su carta apostólica La Dignidad y Vocación de la Mujer, el papa Juan Pablo II agradecía a Dios por el regalo que significa cada mujer “por las obras que Dios ha hecho en la historia de la humanidad en ellas y por ellas.”  Una de las innumerables maneras en que las mujeres continúan realizando en ellas las obras de Dios, es la donación de sí mismas en su vocación a la maternidad.  El papa continúa en su carta: “Son precisamente aquellos que nacen de madres terrenales, los hijos e hijas de la raza humana, aquellos que reciben del Hijo de Dios el poder de convertirse en hijos de Dios (Juan 1,12).  Ese poder llega a nosotros por medio del sacramento del Bautismo.  Así como reconocemos que nacemos del vientre de nuestras madres, también reconocemos que en la pila bautismal nacemos del vientre de otra madre, que es la Iglesia.  Somos fruto de nuestras madres.  Todos somos sarmientos de la misma vid.

En el sacramento del Bautismo reconocemos que Dios es la fuente de la vida que quiere darnos su propia vida.  Al morir en Cristo, siendo sumergidos en las aguas del Bautismo, también nos alzamos desde esas mismas aguas con él y respiramos vida nueva.  Algo radical cambia.  Somos injertados en la vid, y como sarmientos, nos convertimos en la manifestación misma de Dios.

Esa fue la prueba para Saulo.  Los discípulos no podían creer que un perseguidor pudiese convertirse en discípulo de Cristo, un sarmiento de la vid.  Cuando Barnabás se refirió a la conversión de Saulo, que hablaba con valentía en nombre del Señor, los discípulos se dieron cuenta que no era Saulo el que estaba actuando, sino Dios mismo. Jesús, la vid, vive en y a través de nosotros, los sarmientos.  Su vida, la fuente de nuestra propia vida, fluye en y a través de nosotros.  Pero así como se nos llama a ser uno con la vid, también estamos llamados a permanecer en la vid.

El papa Benedicto XVI, en su libro Jesús de Nazaret, explica que para los padres de la Iglesia “permanecer” significaba “perseverar” en medio de las dificultades de la vida .  Saulo, que luego se convirtió en el apóstol Pablo, experimentó una extraordinaria conversión, pero no fue eso lo que lo convirtió en santo.  Fue el hecho de que permaneció, perseveró, terminó su carrera, y por tanto, ganó la corona de victoria.    Y la razón por la cual pudo perseverar fue que permaneció en Cristo en oración.  Fue como una madre, Santa Mónica, que permaneció, perseveró, por medio del ejemplo y la oración, para que su hijo Agustín se convirtiera.  O como toda madre que permanece y persevera, como la Beata Madre Teresa de Calcuta nos dice: “como quien regala el amor que hemos recibido a los demás, dando hasta que duela, porque el amor verdadero duele. ”  “Ustedes ya están purificados por las palabras que les he dicho. Permanezcan en mí y yo en ustedes.” (Juan 15,3-4)

Si tiene preguntas o comentarios, envíelos a info@carlosaedo.org

Written by caedof

May 7, 2009 at 1:01 pm

Posted in Recursos, Reflexiones

%d bloggers like this: