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Séptimo Domingo de Pascua: El Amor del Amado

Este es un comentario a los textos de la eucaristía del Séptimo Domingo de Pascua.  Está tomado del Libro de Reflexión para Pequeñas Comunidades Cristianas de la Arquidiócesis de Hartford (Quest en Español).  Para más información respecto a este recurso, puede visitar su sitio en internet o visitar esta sección.

La Iglesia Católica ha sido bendecida con una serie de movimientos eclesiales.  En palabras del papa Benedicto, “son una de las más importantes innovaciones inspiradas por el Espíritu Santo en la Iglesia como implementación del Concilio Vaticano Segundo… Estas agrupaciones laicales han restaurado la vitalidad, la fe y la esperanza en la Iglesia toda, de muchas y sorprendentes formas.”

Una de estas comunidades laicales es el Movimiento Focolar .  Su carisma es una espiritualidad de unidad.  Su objetivo es tratar de llevar a cabo en plenitud la oración de Jesús a su Padre, que es presentada en el Evangelio de hoy: “Que sean uno, como nosotros”.

Ser uno en el mundo actual puede parecer como algo imposible, dada la codicia, el racismo, la discriminación, la injusticia, la pobreza, la violencia e incluso muchas veces la religión.  Sin embargo, como leímos, “si creemos en un Dios que nos ama, cualquier imposibilidad se desvanece, incluso aquellas que parecen evidentes, tales como que la cuna, el planeta que nos hospeda, viva en paz.”  Una imposibilidad puede convertirse en posibilidad… los países pueden trabajar unidos por el bien común.  La clave es el amor, que viene de Dios y también se expresa por medio de nosotros.

La carta de Juan explica la teología del poder del amor humano: “Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él.”  Cuando nos amamos los unos a los otros, hacemos visible la presencia de Dios al mundo.  Este es el corazón de la fe cristiana. Este es el legado de Jesucristo.

Hoy en día el término amor se ha convertido en uno de los más usados y más mal usados al mismo tiempo.  ¿Cómo reconocemos el amor cristiano que viene de nosotros y de los demás? El papa Benedicto habla del significado del amor cristiano, llamado ágape, en su carta encíclica Dios es Amor (Deus Caritas Est).  La palabra ágape, señala, “expresa la experiencia de un amor que involucra el descubrimiento verdadero del otro… no es auto-búsqueda, sino más bien búsqueda del bien del amado… se convierte en renuncia  y está presto (incluso deseándolo) al sacrificio.”  Este no es el amor del mundo.  Es un amor que está fuera del mundo.

Dios es quien inspira el ágape en nosotros.  Este es el amor que Jesús perfeccionó durante su vida entre nosotros.  Es el amor que Jesús nos pide practicar cuando nos envía al mundo, acompañándonos en la oración “Padre santo, protege en tu nombre a los que me has dado para que sean uno, como tú y yo somos uno.” (Juan 17,11).  Así como el ser del Padre y del Hijo es inconcebible sin el amor que los une, así nuestro ser como cristianos no existe sin el Amor, el Espíritu de Dios, que nos une con Jesús, el Padre y cada uno.

Para las personas de fe, el amor no es una opción: es nuestra manera de ser cristianos, siendo uno en Jesús y también con los demás.

Recuerde que puede enviar su comentarios y preguntas a info@carlosaedo.org

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Written by caedof

May 21, 2009 at 12:50 am

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Domingo de Pascua: Una Carrera por Amor

Este es un comentario a los textos de la eucaristía del Domingo de Pascua.  Está tomado del Libro de Reflexión para Pequeñas Comunidades Cristianas de la Arquidiócesis de Hartford (Quest en Español).  Para más información respecto a este recurso, puede visitar su sitio en internet.

Todos estamos conscientes de lo importante que se ha convertido correr hoy en día: maratones, carreras para recaudar fondos para diversas causas… ¡y también hace bien para la salud!  ¿Qué estamos dispuestos a hacer por otras personas, pero sobre todo, por el bien de aquellas personas que amamos?  Seguramente nos estaremos preguntando… ¿qué tiene que ver eso con la Pascua?  Pues bien, tal vez nos hemos familiarizado tanto con la historia de la Pascua que sus elementos, tales como la roca que tapaba la entrada a la tumba, la tumba vacía de Jesús, las ropas del entierro, etc., han perdido su riqueza para nosotros.  Los evangelios no nos cuentan cómo sucedió la resurrección sino cómo los hombres y mujeres que seguían a Jesús fueron afectados por este evento.

Algo muy adentro en el corazón de María Magdalena le decía que había esperanza.  Fue esa esperanza la que la hizo volver al lugar donde reposaba Jesús.  Sin embargo, una vez ahí se encontró con algo totalmente inesperado.  ¿Fue acaso miedo, entusiasmo, o simplemente alegría la que la llevó a correr y compartir con los discípulos la noticia?:  “¡No está ahí!”  Seguramente fue el amor.  Ella y los discípulos corrieron por amor.  Era el amor que había cautivado sus corazones cuando Jesús estaba con ellos el mismo que los desafió a tener una fe mucho más profunda que antes.  María fue envuelta por el amor de Dios y el Amor la cambió para siempre.  Nada pudo detenerla ni a ella ni a los discípulos en convertirse en portadores de la buena noticia: ¡Está vivo!

Nuestro desafío constante, al vivir la historia pascual, es confiar en la espera que parece muchas veces ser una espera en vano.  ¿Pero de qué otra manera podemos estar abiertos al “ahora” y permitir que las sorpresas de la vida llenen nuestros corazones?  La fe y la vida van de la mano.  Muchas veces nos cuesta ver que el ahora, no importando cuan doloroso o alegre sea, puede ser un regalo de vida.  La pascua de cada uno de nosotros no nos llega de acuerdo a un calendario, sino más bien cuando estamos abiertos al misterio de amor.  Dios tiene un destino en mente para nosotros que es mucho más grande del que podemos imaginar.  ¿Quién pudo haber escrito esa historia?  ¡Qué tremendo regalo es ser como los pies de aquellos que traen buenas noticias!

Si tiene preguntas o comentarios, envíelos a info@carlosaedo.org

Written by caedof

April 11, 2009 at 12:36 pm

Libro Recomendado: La Iglesia, Ícono de la Trinidad

Bruno Forte es Arzobispo de Chieti-Vasto en Italia desde el año 2004.  Es un renombrado teólogo italiano que ha escrito un sinnúmero de obras teológicas.  La Iglesia Ícono de la Trinidad es un conjunto de reflexiones que forman una “breve eclesiología” articulada en torno a tres grandes preguntas: ¿De dónde viene la Iglesia?, ¿Qué es la Iglesia? y ¿Adónde va la Iglesia?

El libro no es tremendamente extenso (120 páginas) y puede leerse con facilidad.  Cita con frecuencia los textos fundamentales del Concilio Vaticano II, ya que para Forte una de las grandes renovaciones de la concepción de la Iglesia en el mundo actual consiste en retornar a la Trinidad, y eso es lo que hizo el Concilio en la Constitución sobre la Iglesia Lumen Gentium.

Si bien el libro asume cierto conocimiento de conceptos fundamentales de teología, puede ser un excelente recurso para la preparación de un curso (no taller) de eclesiología con agentes pastorales parroquiales.

Cabe señalar que Forte ha escrito bastante sobre la Trinidad.  Dentro de eso, creo que es destacable la Carta Pastoral sobre la Trinidad escrita el año 2006, además de su clásico libro “La Trinidad como Historia” (español e inglés).   También ocupan un lugar privilegiado en sus escritos la Carta Pastoral sobre la Confesión, que firma como “Vuestro Padre, Bruno”, y la Carta sobre la Iglesia.

“La Iglesia, Icono de la Trinidad”  está disponible aquí (en inglés, aquí).

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Written by caedof

April 1, 2009 at 12:29 pm

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Quinto Domingo de Cuaresma: ¿Me lo puedes Creer?

Este es un comentario a los textos de la eucaristía del Quinto Domingo de Cuaresma.  Está tomado del Libro de Reflexión para Pequeñas Comunidades Cristianas de la Arquidiócesis de Hartford (Quest en Español).  Para más información respecto a este recurso, puede visitar su sitio en internet.

El profeta Ezequiel fue uno de los verdaderos gigantes del Antiguo Testamento.  Fue uno de los judíos exiliados durante la cautividad babilónica.  Desafió a su pueblo a una nueva fidelidad a Dios en medio del exilio.  Ezequiel tuvo una legendaria visión que es muy famosa… Imaginémonos junto a Ezequiel mirando todos esos huesos muertos mientras Dios le pregunta: “¿Pueden revivir estos huesos?”  ¿Cómo le responderíamos a Dios? ¿Le responderíamos espontáneamente: sí?  ¿O quizás le diríamos algo como: quiero creer… ayúdame?  La respuesta de Dios en la visión es clara.  Los huesos serán cubiertos nuevamente con carne y el aliento de la vida nuevamente soplará sobre ellos.

Se han dado muchas interpretaciones a esta visión.  Para los judíos antiguos significaba la esperanza en la restauración de Judá.  Para los judíos de la época posterior al holocausto, significaba la creación del estado moderno de Israel.  Para los cristianos, es promesa y esperanza en la resurrección después de la muerte.  Ya sea muerte por desesperanza, por separación emocional, por el pecado o por el fin de la vida, en cada caso Dios nos promete nueva vida.  En la carta de San Pablo a los cristianos de Roma leemos: “Si el Espíritu del Padre, que resucitó a Jesús de entre los muertos, habita en ustedes, entonces el Padre, que resucitó a Jesús de entre los muertos, también les dará vida a sus cuerpos mortales, por obra de su Espíritu, que habita en ustedes.”  ¿Creemos en esto? ¿De qué manera hace esto una diferencia en nuestra vida cotidiana?

Imaginemos la desolación, sentimientos de pérdida y tristeza de María y Marta cuando se enteraron de la muerte de su hermano Lázaro.  Las dos hermanas nos dan testimonio de la fe que tenían en Jesús, que podía devolverle la vida a su hermano.  Primero Marta, y después María, se encuentran con Jesús mientras vuelve al pueblo.  Las dos expresan gran fe diciendo que creen que Jesús podía haber salvado a Lázaro si hubiese estado presente.  También son claras al decir que también creen que Jesús puede devolver Lázaro a la vida incluso después de haber estado sepultado por cuatro días.

Así como Dios le pregunta a Ezequiel si acaso los huesos pueden ser devueltos a la vida, Jesús le pregunta a Marta: “Yo soy la resurrección y la vida.  ¿Crees en esto?”  Marta responde con una profundidad tremenda: “Creo firmemente que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo”.  Cuando María se encuentra con Jesús, se postra a sus pies, devastada por la muerte de su hermano.  Jesús, conmovido hasta lo más hondo, le pregunta: “¿Dónde lo han puesto?”  La Biblia, entonces, nos da uno de los textos más ricos que muestra la humanidad de Jesús, ya que se nos dice que “Jesús se puso a llorar”.  No se nos explica el origen de esta muestra de emociones.  ¿Estaba Jesús frustrado porque sus amigos no habían entendido lo que Él les había enseñado? Al parecer no, porque Marta sabe que Él es el Hijo de Dios.  La fe de las hermanas es sólida.  ¿Se emociona Jesús por saber que su propia muerte es inminente?  ¿O simplemente lloró por la muerte de su amigo tan querido?  Lázaro está muerto, pero su vida no se ha acabado, sino que ha cambiado.  La relación con Jesús se mantiene, y entonces Jesús procede a traerlo a la vida nuevamente.  Solamente podemos imaginarlo.  Sin embargo, lo trae una nueva vida, y eso, para nosotros, es un destello de esperanza para el futuro.

Cada día en nuestro mundo natural y en nuestro propio cuerpo podemos encontrar reflejos de la resurrección a una nueva vida.  Las flores comienzan a brotar a través del suelo congelado.  Los árboles comienzan a florecer.  Nuestros propios cuerpos regeneran sus células constantemente.  Doctores son capaces de añadir prótesis a personas que pueden correr o caminar por vez primera.  Los trasplantes de órganos de personas fallecidas dan nueva vida a quienes necesitan de esos órganos.  Después de haber pasado tiempo en prisión, personas inocentes son liberadas.  Hombres y mujeres se reúnen después de separaciones emocionales.  Cada una de estas experiencias es un ejemplo de resurrecciones espirituales que suceden todos los días y destellos de la gran resurrección celestial que ha de venir.  “Yo soy la resurrección y la vida.”.  ¿Me lo puedes creer?

Para preguntas o comentarios, envíe un mensaje a info@carlosaedo.org

Written by caedof

March 27, 2009 at 11:58 am

Tercer Domingo de Cuaresma: Comentario

Este es un comentario a los textos de la eucaristía del Tercer Domingo de Cuaresma.  Está tomado del Libro de Reflexión para Pequeñas Comunidades Cristianas de la Arquidiócesis de Hartford (Quest en Español).  Para más información respecto a este recurso, puede visitar su sitio en internet.

¿Podemos recordar un momento en que hayamos tenido mucha sed? Tal vez fue después de haber hecho ejercicio, o haber trabajando cortando el prado en un día muy caluroso.  Sin duda alguna bebimos agua u otra cosa para apagar esa sed.  Imaginemos esa misma sed, pero con nada disponible para apagarla.  Eso puede ayudarnos a ponernos en lugar de la mujer al lado del pozo.  El Señor encuentra a esta inesperada visitante ahí mismo.  Ella va en busca de agua, pero su sed es mucho más profunda de lo que ella se da cuenta.

Hay que recordar que samaritanos y judíos, por generaciones, no se llevaban bien para nada debido a problemas de prácticas religiosas y matrimonios mixtos.  Encontrarse con alguien de la región de Samaria, en especial una mujer, no era muy común y violaba una práctica social de aquellos días.  Samaritana o no, la mujer estaba lista para encontrarse con Jesús.

El encuentro de Jesús con la mujer samaritana le cambió la vida.  Ella buscaba agua, pero su sed iba más allá… tenía una sed del alma.  Al principio, la mujer malentiende la invitación del Señor.  La sed de esta mujer sin nombre refleja la sed de nuestra sociedad por más intimidad con Dios y la búsqueda del sentido de la vida de las personas de hoy en día.  Extremadamente ocupados, muchas veces no estamos conscientes de nuestra propia necesidad de esta agua de vida que es una profunda relación con Dios.

Al mismo tiempo, el agua en sí es un bien precioso.  Creemos que es obvio tener agua, pero no es así para mucha gente en el mundo.  Debemos actuar apresuradamente para asegurar el acceso de agua para todos.  Al compartir la palabra de Dios y buscar el agua viva, estamos llamados a reconocer a nuestros hermanos y hermanas que no tienen agua o muy poca, gente que día a día se esfuerza para tener agua limpia para beber y satisfacer su sed.

La referencia de Jesús al agua viva nos recuerda el agua de la vida del Antiguo Testamento que significa “la vida de Dios, la revelación, la sabiduría.”  La samaritana experimenta esto en su encuentro con Jesús junto al pozo en ese día caluroso.

Después de haberse encontrado con Jesús, la mujer, tal como nosotros, es invitada a ser testigo de Cristo, a proclamar el Evangelio y su poder.  Primeramente, ella va a los samaritanos de su villa y da testimonio de su encuentro transformador con Jesucristo.  Los samaritanos van a ver a Jesús, primero por el testimonio de la mujer, y después porque escuchan la palabra.

Este pasaje de la Biblia nos llama a reconocer la necesidad que tenemos de encontrarnos con Jesús en un nivel mucho más profundo que en las simples prácticas religiosas.  Encontrándonos con Jesús y habiendo bebido del agua viva, se nos invita a llevar la palabra a otras personas por medio de lo que decimos y hacemos.  Esa agua viva está ahí cuando la pedimos.  El inmenso amor de Dios ha sido derramado en nosotros.  Lo hemos recibido en el bautismo, y luego lo vamos renovando cada día en nuestras vidas.

La sed del mundo es profunda.  ¿Cuán sedientos de Dios estamos?  ¿Podemos imaginarnos algún momento en que hayamos tenido una intensa sed espiritual? Sólo Jesús puede apagar esa sed.

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Written by caedof

March 14, 2009 at 1:41 am

Segundo Domingo de Cuaresma: Comentario

Este es un comentario a los textos de la eucaristía del Segundo Domingo de Cuaresma.  Está tomado del Libro de Reflexión para Pequeñas Comunidades Cristianas de la Arquidiócesis de Hartford.  Para más información respecto a este recurso, puede visitar su sitio en internet.

Algunos años atrás, un joven decidió volver a sus raíces y visitar a su bisabuela en San Germán, Puerto Rico.  Él no le dio ninguna razón por esta visita inesperada, aunque había claramente una.  Este joven se encontraba en un punto muy importante en su vida.  Necesitaba detenerse un momento y darle un buen vistazo a su vida.  Necesitaba reflexionar en torno al lugar donde se encontraba en su vida y hacia donde debía dirigirse.  Qué mejor lugar para hacer eso que la casa de su bisabuela, ubicada sobre una colina rodeada de muchas otras montañas.

Su bisabuela era una fuerte y humilde mujer de fe que reflejaba amor y paz.  Sentada en el balcón de su sencilla casa una tarde, el joven se le unión en el rezo del rosario.  Al final, se animó y le contó a su bisabuela el verdadero motivo de su visita.  Y luego le dijo: “Sé que ha tenido una vida muy difícil.    Cuando su marido la abandonó, dejándola en la pobreza, tuvo que cuidar de todos sus niños.  Sin embargo, no importando cuán difícil le fue todo, usted siempre cargó fielmente su cruz en sus hombros.”  Deteniéndose por un momento, y confrontando la confusión de su vida, la miró y le dijo: “Abuela, mire su vida… Usted siempre ha puesto su confianza en Dios.  No sé si yo pueda hacer lo mismo.”

La abuela, en un simple gesto de compasión, tomó su mano, miró hacia la montaña que se encontraba en frente de ella, y dijo: “La vida es a menudo confusa y difícil, pero siempre hay esperanza.  Lo que tienes que hacer es dejar de mirarme a mí y mirarlo y escucharlo a Él.”  Este fue un momento extraordinario y transformante para este joven y su vida… Al final, partió de esa remota colina en Puerto Rico llevándose consigo este último mensaje.

Acaso estando en un momento determinante o no en nuestra vida, ese es el mensaje que escuchamos en el Evangelio de esta semana.  Desde la nube al tope de la montaña, el Padre nos dice: “Este es mi Hijo amado; escúchenlo.”  En su vida cotidiana, mientras Jesús se dedicaba a hacer las obras de su Padre, tomó aparte a Pedro, Santiago y Juan y los llevó a un monte alto para detenerse, mirar, y escuchar.  Esta es la invitación de Jesús, esta es la invitación de la Cuaresma, mientras tratamos de renovar nuestras vidas y vivir en el espíritu del Evangelio.  En nuestra vida cotidiana, con todas nuestras ocupaciones y pre-ocupaciones, Jesús nos invita a detenernos y a dedicar un tiempo sagrado a la oración y la reflexión.  No tenemos que viajar largas distancias para hacer esto.  Más bien, necesitamos hacerlo donde sea que nos encontremos.  En estos días de Cuaresma, Jesús nos invita a hacer una pausa en nuestras vidas para estar con Él.  Así, Él nos ayudará a  desempacar nuestras vidas y a mirar con detención aquello que de verdad cuenta.

Mirando nuestras vidas y la de Jesús, tratando de no escuchar las voces del mundo y sintonizando el dial para escucharlo a Él, podemos encontrar una nueva dirección.  La Cuaresma se transforma en una experiencia “transfigurativa” para nosotros cuando nos ponemos en contacto con nosotros mismos al ponernos en contacto con Jesús.  El papa Benedicto XVI, tratando de explicar lo que la transfiguración significó para Jesús, señala: “La transfiguración es un evento de oración… muestra visiblemente lo que sucede cuando Jesús habla con su Padre .”  Lo que el Padre quiere de nosotros para esta Cuaresma es que nos detengamos, miremos y escuchemos a Jesús.  Cuando nos damos el tiempo para escuchar lo que pasa en nuestra vida y a Jesús mismo, encontramos fortaleza y valentía  para continuar caminando con el Señor en la tierra de los vivos…

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Written by caedof

March 6, 2009 at 1:19 am

Primer Domingo de Cuaresma: Comentario

Este es un comentario a los textos de la eucaristía del Primer Domingo de Cuaresma.  Está tomado del Libro de Reflexión para Pequeñas Comunidades Cristianas de la Arquidiócesis de Hartford.  Para más información respecto a este recurso, puede visitar su sitio en internet.

Primer Domingo de Cuaresma: A Navegar por la Cuaresma

La Cuaresma ya se inicia y el Evangelio de hoy nos muestra a Jesús siendo guiado por el Espíritu al desierto por cuarenta días.  Tal vez nosotros mismos necesitamos encontrar un lugar especial y un tiempo de retiro para renovarnos en nuestra alianza con Dios.  Por el Génesis, sabemos que Noé y sus pasajeros fueron mantenidos a salvo del gran diluvio al estar en un arca especialmente construida para eso.  La cuaresma puede ser descrita como un tiempo para, en cierto modo, construir nuestra propia arca…  En este viaje de cuarenta días, estamos llamados a usar este tiempo y espacio de retiro para reconectarnos con Dios y profundizar nuestra relación con Él para así reafirmar nuestra fe y confianza en Él.  Renovemos nuestro compromiso de fidelidad en la oración, sacrificios y servicio al reino de Dios.

Dios tiene instrucciones específicas para que Noé construya su arca.  ¿Qué le agradaría a Dios que lleváramos a nuestra arca espiritual? Quizás es más fácil descubrir lo que no hay que llevar si quisiéramos crecer en santidad y no perder de vista el curso de nuestra jornada.  Estamos inundados con preocupaciones.  Estamos sumidos en el ruido.  Nos inundamos con las distracciones de la vida diaria.  Nos inundamos tanto, que nos cuesta salir a tomar aire y caemos presa de la pereza, tentaciones y hábitos de pecado.  Incluso muchas veces nos olvidamos de Dios hasta que nos damos cuenta que necesitamos algo que no podemos conseguir por nosotros mismos.  Podemos volvernos caóticos en nuestras prácticas espirituales o bien demasiado cómodos.  Este es el equipaje que hay que tirar por la borda al navegar por la cuaresma.

El Espíritu Santo está con nosotros en nuestra arca cuaresmal.  Recibimos el Espíritu en nuestro Bautismo y Confirmación, y así estamos capacitados para resistir las tentaciones, tal como lo hizo Jesús.  Él, nuestro salvador, nos guiará e instruirá cuando recemos cada día.  Dios, el autor de la alianza, nos mostrará pacientemente su guía, compasión, bondad, amor y verdad.  Por supuesto, no podemos olvidar nuestros ángeles guardianes (o arc-ángeles) que estarán a nuestro servicio, tal como lo hicieron con Jesús en el desierto.

Dios creó el arcoíris para recordar su alianza con todas las creaturas vivientes.  Nosotros podemos recordar la misericordia y el amor de Dios por nosotros durante esta cuaresma leyendo la Biblia, rezando el rosario, celebrando la Eucaristía, haciendo el Via Crucis, compartiendo la experiencia de amor de Dios con otras personas, y recibiendo los sacramentos.  El amor de Jesús por los pobres puede intensificar nuestra conciencia de la providencia de Dios.

No hay que suponer que las arcas tienen todas las comodidades de una casa.  Tal vez esta cuaresma nos puede invitar a sacrificar algunas comidas (ayuno) y placeres (televisión, internet, comprar, deportes).  Al fin y al cabo, esta arca cuaresmal no es un crucero.  Hay veleros de arrepentimiento y reconciliación… aquellos lugares espirituales donde nos convertimos.  Algunas veces nuestra navegación puede no ser tan calmada… las lecturas de esta semana nos recuerdan que ni para Jesús ni para Juan la proclamación del Evangelio no fue fácil.  El demonio muchas veces sacude nuestra arca.  ¡Firmes!  Tenemos chalecos salvavidas espirituales gracias a Jesús.  ¡No nos ahogaremos!

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Written by caedof

February 26, 2009 at 1:06 pm