Formación de Adultos Hispanos

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Archive for the ‘Recursos’ Category

Material para el RICA

Mucha gente pregunta por material en español para el RICA en los Estados Unidos.  Lamentablemente, no hay mucho, pero la siguiente es una lista que contiene recursos altamente recomendados (puede revisar este taller publicado en este sitio un tiempo atrás).

Rito de la Iniciación Cristiana de Adultos (Ritual)

Se recomienda que cada miembro del equipo tenga como base del Rito el texto oficial.  Como el RICA no es un curso sino un proceso íntimamente ligado a la celebración litúrgica, conviene que quienes son catequistas del RICA se encuentren familiarizados con las etapas y rituales del proceso.  El texto puede comprarse aquí

Lo que debemos saber sobre el RICA

Este texto puede ayudar al equipo de catequistas a familiarizarse de manera sucinta con el proceso del RICA. Es fácil de leer y provee ejemplos prácticos de programas, y experiencias que pueden ayudar al equipo a generar ideas.  Puede comprarse aquí.

Catecismo Católico de los Estados Unidos para los Adultos (USCCB)

Este texto es una de las joyas publicadas por USCCB.  No reemplaza al “libro verde”, pero provee de sesiones que ayudan a catequistas a prepara temas.  Algunas parroquias usan este libro como “texto del RICA” ya que cada capítulo tiene una estructura bien definida que favorece el diálogo y la catequesis al mismo tiempo.  Puede encontrarse aquí.

Camino de Fe

Este es una serie de panfletos que es vastamente usado en todo el país para el RICA.  Cada panfleto es un tema que tiene preguntas, comentarios y catequesis.  Es muy popular entre las comunidades hispanas de este país porque es barato y práctico.  Se puede encontrar aquí.

Creciendo en la Fe

Es similar a Camino de Fe.  Lo bueno es que el set completo viene en CD.  Puede encontrarse aquí.

Recuerde que si tiene preguntas o comentarios, puede enviarlos a info@carlosaedo.org

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Written by caedof

September 9, 2009 at 6:07 pm

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Sexto Domingo de Pascua: El Extravagante Amor de Dios

Este es un comentario a los textos de la eucaristía del Sexto Domingo de Pascua.  Está tomado del Libro de Reflexión para Pequeñas Comunidades Cristianas de la Arquidiócesis de Hartford (Quest en Español).  Para más información respecto a este recurso, puede visitar su sitio en internet o visitar esta sección.

Imaginemos un restaurante cinco estrellas, donde solamente los poderosos y acaudalados pueden ir.  O un hotel de lujo, reluciente con los más finos adornos que el dinero puede comprar.  Tal vez alguno de nosotros ha experimentado esa opulencia y exceso… ¡incluso la ha disfrutado!  Sin embargo, al final también podemos haber experimentado cierto vacío y una ofensa a nuestro espíritu.

Todavía estamos tambaleándonos con el desastre de nuestras instituciones financieras y el colapso de importantes compañías durante el año pasado.  Las acciones financieras se han desplomado, nos hemos enterado de los inmensos sueldos de los gerentes, los bancos que alguna vez fueron símbolo de la estabilidad y el poder se han declarado en bancarrota o han recibido la ayuda del gobierno federal… o sea, de quienes pagan impuestos.  Lo que antaño fueron inversiones sólidas (nuestra jubilación, por ejemplo) se han convertido en poco confiables, menos ciertas y fuente de preocupación.  Incluso muchas personas han perdido sus casas.

En medio de la opulencia de algunos líderes financieros, en el contexto del desastre de los mercados, alabamos a nuestro Dios que muestra, sin duda alguna, ninguna parcialidad.  San Juan nos desafía a amarnos los unos a los otros, porque Dios es amor.  También nos recuerda: “El amor consiste en esto: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó primero y nos envió a su Hijo, como víctima de expiación por nuestros pecados.”  ¡Qué promesa más grande!  En este tiempo pascual nos deleitamos con el extravagante amor de Dios.  El mismo amor que vació la tumba el domingo de pascua está disponible para nosotros cuando lo necesitemos.

La extravagancia de Dios no significa despilfarro, o simplemente darle a unos pocos, a la élite.  Jesús es muy claro: “No fueron ustedes quienes me eligieron… Este es mi mandamiento, que se amen los unos a los otros.”

Nosotros podemos invertir en la promesa de Dios sin temer ni bancarrotas ni desastres…  Jesús nos invita: “Permanezcan en mi amor, para que su alegría sea completa.”  La alegría del Padre y del Hijo es el extravagante amor que conquista incluso la muerte misma.  Este amor fluye de una íntima relación del Padre y del Hijo, cuya muerte salvadora y gloriosa resurrección es lo que hemos estado celebrando por seis semanas.  Y este mismo amor es comunicado a nosotros a través de la generosa donación de su Espíritu.

Al ir avanzando en el tiempo pascual, nuestro desafío es vivir en la presencia de este Dios que es extravagante, y permanecer siempre conectados a Él cada día.  Dios ha invertido en todos nosotros en su amor extravagante… ¡cantemos al Señor un cántico nuevo” (Salmo 98)… ¡amemos tal como Dios nos ha amado!

Recuerde que si tiene una pregunta o comentario, puede enviarlo a info@carlosaedo.org

Written by caedof

May 15, 2009 at 1:23 pm

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Quinto Domingo de Pascua: Den Frutos

Este es un comentario a los textos de la eucaristía del Quinto Domingo de Pascua.  Está tomado del Libro de Reflexión para Pequeñas Comunidades Cristianas de la Arquidiócesis de Hartford (Quest en Español).  Para más información respecto a este recurso, puede visitar su sitio en internet.

Al reflexionar en torno a las lecturas de esta semana, también damos gracias por el regalo de nuestras madres al celebrar el Día de las Madres.  En su carta apostólica La Dignidad y Vocación de la Mujer, el papa Juan Pablo II agradecía a Dios por el regalo que significa cada mujer “por las obras que Dios ha hecho en la historia de la humanidad en ellas y por ellas.”  Una de las innumerables maneras en que las mujeres continúan realizando en ellas las obras de Dios, es la donación de sí mismas en su vocación a la maternidad.  El papa continúa en su carta: “Son precisamente aquellos que nacen de madres terrenales, los hijos e hijas de la raza humana, aquellos que reciben del Hijo de Dios el poder de convertirse en hijos de Dios (Juan 1,12).  Ese poder llega a nosotros por medio del sacramento del Bautismo.  Así como reconocemos que nacemos del vientre de nuestras madres, también reconocemos que en la pila bautismal nacemos del vientre de otra madre, que es la Iglesia.  Somos fruto de nuestras madres.  Todos somos sarmientos de la misma vid.

En el sacramento del Bautismo reconocemos que Dios es la fuente de la vida que quiere darnos su propia vida.  Al morir en Cristo, siendo sumergidos en las aguas del Bautismo, también nos alzamos desde esas mismas aguas con él y respiramos vida nueva.  Algo radical cambia.  Somos injertados en la vid, y como sarmientos, nos convertimos en la manifestación misma de Dios.

Esa fue la prueba para Saulo.  Los discípulos no podían creer que un perseguidor pudiese convertirse en discípulo de Cristo, un sarmiento de la vid.  Cuando Barnabás se refirió a la conversión de Saulo, que hablaba con valentía en nombre del Señor, los discípulos se dieron cuenta que no era Saulo el que estaba actuando, sino Dios mismo. Jesús, la vid, vive en y a través de nosotros, los sarmientos.  Su vida, la fuente de nuestra propia vida, fluye en y a través de nosotros.  Pero así como se nos llama a ser uno con la vid, también estamos llamados a permanecer en la vid.

El papa Benedicto XVI, en su libro Jesús de Nazaret, explica que para los padres de la Iglesia “permanecer” significaba “perseverar” en medio de las dificultades de la vida .  Saulo, que luego se convirtió en el apóstol Pablo, experimentó una extraordinaria conversión, pero no fue eso lo que lo convirtió en santo.  Fue el hecho de que permaneció, perseveró, terminó su carrera, y por tanto, ganó la corona de victoria.    Y la razón por la cual pudo perseverar fue que permaneció en Cristo en oración.  Fue como una madre, Santa Mónica, que permaneció, perseveró, por medio del ejemplo y la oración, para que su hijo Agustín se convirtiera.  O como toda madre que permanece y persevera, como la Beata Madre Teresa de Calcuta nos dice: “como quien regala el amor que hemos recibido a los demás, dando hasta que duela, porque el amor verdadero duele. ”  “Ustedes ya están purificados por las palabras que les he dicho. Permanezcan en mí y yo en ustedes.” (Juan 15,3-4)

Si tiene preguntas o comentarios, envíelos a info@carlosaedo.org

Written by caedof

May 7, 2009 at 1:01 pm

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Alianza Católica por el Clima

La Alianza Católica por el Clima (en inglés, Catholic Climate Covenant) es una campaña iniciada en los Estados Unidos que pretende concentrar nuestros compromisos católicos de cuidar la creación de Dios y a las personas vulnerables en nuestro país y en el extranjero.  Estas personas son las que enfrentan las peores repercusiones aunque son las que menos contribuyen al cambio climático.  Lamentablemente, es probable que sean quienes sufran las mayores consecuencias y tengan los menores recursos y capacidad para responder.

La campaña concretamente invita a adoptar la Promesa de San Francisco de Cuidar la Creación y a los Pobres.   Esta consiste en:

  • REZAR y refexionar sobre el deber de cuidar la creación de Dios y proteger a los pobres y vulnerables.
  • APRENDER y enseñar a otros acerca de las causas y las dimensiones morales del cambio climático.
  • EVALUAR cómo cada uno de nosotros, individualmente o en nuestro hogar, centro laboral u otras entidades, está contribuyendo al cambio climático (consumo y conservación).
  • ACTUAR para cambiar nuestras decisiones y comportamientos que contribuyen al cambio climático; y
  • DEFENDER las prioridades y los principios católicos en los debates y decisiones en torno al cambio climático, especialmente en la medida en que afectan a los pobres y vulnerables.

Todo el material en español puede descargarse en este archivo.

Recuerde que si tiene preguntas o comentarios, puede enviarlos a info@carlosaedo.org

Written by caedof

May 5, 2009 at 12:29 pm

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Segundo Domingo de Pascua: Testigos Poderosos

Este es un comentario a los textos de la eucaristía del Segundo Domingo de Pascua.  Está tomado del Libro de Reflexión para Pequeñas Comunidades Cristianas de la Arquidiócesis de Hartford (Quest en Español).  Para más información respecto a este recurso, puede visitar su sitio en internet.

¡Y era verdad!  ¡Todo lo que había prometido Jesús era verdad!  Tratemos de imaginar la alegría y entusiasmo de los primeros creyentes al reunirse y contar y recontar la historia de cómo habían visto y experimentado al Señor resucitado en medio de ellos.  ¡Qué tremenda noticia que Jesús estaba entre ellos, que su Espíritu se quedaría con ellos y en ellos, y que su promesa de paz, perdón y vida eterna eran verdaderas! ¡Aleluya!

Lucas nos cuenta: “Con grandes muestras de poder, los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús.”  Nosotros estamos llamados a hacer lo mismo.  Pero, ¿qué necesitamos para dar un testimonio que sea poderoso?

La historia de increencia y duda de Tomás muestra que llegar a tener fe no es fácil y a veces es un proceso muy solitario.  Tomás estaba fuera de donde se reunían los discípulos cuando Jesús se apareció por primera vez.  Nosotros también podemos “estar fuera” cuando decidimos apartarnos de nuestra comunidad de fe, o cuando dejamos que las distracciones nos alejen de la presencia de Dios.  Lo que es importante es que Tomás estaba presente en el lugar de reunión de los apóstoles cuando Jesús se apareció por segunda vez, y también es claro que sus dificultades para creer lo llevaron a tener una fe mucho más profunda.  Por eso proclama: ¡Señor mío y Díos mío!

Cuando nos reunimos cada domingo a escuchar la Palabra, a celebrar la Eucaristía, y a rememorar la vida, muerte y resurrección de Jesús, somos alimentados para salir en misión y continuar dando testimonio de las buenas noticias.  Nosotros no hemos visto al Señor resucitado con nuestros propios ojos, pero nos hemos encontrado con Él en nuestras comunidades de fe.  En comunidad cuidamos del pobre y del enfermo. En comunidad los amigos se defienden los unos a los otros cuando se encuentran en peligro o son víctimas de crueldad.  En comunidad nos perdonamos los unos a los otros, compartimos nuestra historia de cercanía a Dios, trabajamos por la justicia y la paz, aprendemos y enseñamos, rezamos y jugamos juntos, celebramos la vida y la muerte.  En todos estos casos, cuando nos amamos los unos a los otros tal como Jesús nos enseñó, damos un poderoso testimonio de la presencia del Señor resucitado en medio de nosotros.

Uno de los testimonios más poderosos de nuestra fe sucede en el ministerio de visita a los enfermos y en los hospitales.  Cuando nuestros hermanos y hermanas que están enfermos piden recibir la Eucaristía, su hambre de la presencia de Dios, su oración compartida y su paz al recibir la comunión es evidencia de una tremenda fe y un regalo para quienes los sirven en el ministerio.

El autor del famoso dicho “no importa cuán larga la noche, el día va a llegar” seguramente debió haber sabido cómo afrontar el cambio y el futuro incierto con  la esperanza que viene de creer que hay luz al otro lado, y que hay vida después de la muerte.  Los cristianos compartimos esta creencia.

La fe, la fe que se vive, la fe que algunas veces se nos hace difícil, cuando es compartida en comunidad, tiene un poder que va más allá de lo que conocemos.

Si tiene preguntas o comentarios, envíelos a info@carlosaedo.org

Written by caedof

April 17, 2009 at 12:58 am

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Domingo de Pascua: Una Carrera por Amor

Este es un comentario a los textos de la eucaristía del Domingo de Pascua.  Está tomado del Libro de Reflexión para Pequeñas Comunidades Cristianas de la Arquidiócesis de Hartford (Quest en Español).  Para más información respecto a este recurso, puede visitar su sitio en internet.

Todos estamos conscientes de lo importante que se ha convertido correr hoy en día: maratones, carreras para recaudar fondos para diversas causas… ¡y también hace bien para la salud!  ¿Qué estamos dispuestos a hacer por otras personas, pero sobre todo, por el bien de aquellas personas que amamos?  Seguramente nos estaremos preguntando… ¿qué tiene que ver eso con la Pascua?  Pues bien, tal vez nos hemos familiarizado tanto con la historia de la Pascua que sus elementos, tales como la roca que tapaba la entrada a la tumba, la tumba vacía de Jesús, las ropas del entierro, etc., han perdido su riqueza para nosotros.  Los evangelios no nos cuentan cómo sucedió la resurrección sino cómo los hombres y mujeres que seguían a Jesús fueron afectados por este evento.

Algo muy adentro en el corazón de María Magdalena le decía que había esperanza.  Fue esa esperanza la que la hizo volver al lugar donde reposaba Jesús.  Sin embargo, una vez ahí se encontró con algo totalmente inesperado.  ¿Fue acaso miedo, entusiasmo, o simplemente alegría la que la llevó a correr y compartir con los discípulos la noticia?:  “¡No está ahí!”  Seguramente fue el amor.  Ella y los discípulos corrieron por amor.  Era el amor que había cautivado sus corazones cuando Jesús estaba con ellos el mismo que los desafió a tener una fe mucho más profunda que antes.  María fue envuelta por el amor de Dios y el Amor la cambió para siempre.  Nada pudo detenerla ni a ella ni a los discípulos en convertirse en portadores de la buena noticia: ¡Está vivo!

Nuestro desafío constante, al vivir la historia pascual, es confiar en la espera que parece muchas veces ser una espera en vano.  ¿Pero de qué otra manera podemos estar abiertos al “ahora” y permitir que las sorpresas de la vida llenen nuestros corazones?  La fe y la vida van de la mano.  Muchas veces nos cuesta ver que el ahora, no importando cuan doloroso o alegre sea, puede ser un regalo de vida.  La pascua de cada uno de nosotros no nos llega de acuerdo a un calendario, sino más bien cuando estamos abiertos al misterio de amor.  Dios tiene un destino en mente para nosotros que es mucho más grande del que podemos imaginar.  ¿Quién pudo haber escrito esa historia?  ¡Qué tremendo regalo es ser como los pies de aquellos que traen buenas noticias!

Si tiene preguntas o comentarios, envíelos a info@carlosaedo.org

Written by caedof

April 11, 2009 at 12:36 pm

Preparando Semana Santa: Via Crucis

El P. Pedro Trigo S.J. ha compuesto el siguiente Via Crucis con poemas y reflexiones que nos pueden ayudar a vivir esta devoción de manera actualizada.  Todo el texto, en archivo comprimido, puede descargarse desde aquí.  La reflexión de la última estación es simplemente notable:

Ha caído la losa y tú, de los brazos de tu Padre, proseguiste tu misión: bajaste a los infiernos, a nuestros infiernos privados y sociales, a aquellas zonas tenebrosas a las que no  tenemos acceso, a las que no alcanza ni la luz de la conciencia ni el mando de la voluntad. Bajaste a coronar en ese reino rebelde y miserable tu obra de liberación.  Te acabamos de sacar de esta tierra y tú sigues dando la batalla por nosotros. No tienes remedio. Realmente que nada es capaz de echarte para atrás en tu designio de darnos vida. Ya nada podrá separarnos de tu amor. Por eso ante tu sepulcro sellado arde la llama de nuestra esperanza que tú prendiste en nuestros corazones. Te pedimos que esa sea la luz con la que andemos por la vida y la llama que nos mueva a seguir tu misión.

Si tiene preguntas o comentarios, puede enviar un mensaje a info@carlosaedo.org

Written by caedof

April 9, 2009 at 12:17 pm

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